EVA O LAS PRIEDRAS LUNARES
I
Eva se sentía sola en aquel mundo
donde todas las mujeres se llamaban Eva
y todos los hombres Adán.
El día en que Eva parió a su primer hijo
vio en el rostro del pequeño una señal,
¿de qué?
Todos los seres humanos
nacían huérfanos y condenados,
también el suyo.
En un arrebato de amor y miedo
lo pegó a su teta y lo nombró Caín.
Supo al instante que la vida de ese otro
que llamaba suyo
la traspasaría.
Temerosa
por el porvenir
que leyó en los ojos de su primogénito
le suplicó a Dios
que apagase la danza desbocada de su lengua.
Dios oyó la súplica de Eva
y la enmudeció durante algún tiempo.
Adán estaba furioso
porque Eva había roto la cadena de Adanes.
Era difícil amar a un hijo que no llevara su nombre.
II
La cabellera al sol, Eva primera.
Deseo grandísimo, más allá del cuerpo,
contra su voluntad ninguna enemistad le queda.
En el Edén nacía un río que regaba el jardín.
Eva se veía volver a ser costilla,
y se escurría para sostenerlo todo.
Tal vez si Dios hubiese hecho llover
Eva no se habría derramado.
«Con ninguna mujer se hable»,
fue la orden de Dios en el Edén.
«No coman fuera de casa.
No pongan colchones en las camas.
No tengan miedo. No sean tristes».
Adán la odiaba porque él tampoco sabía obedecer.
Hay una herencia genética de ese recuerdo
alejándonos de Dios.
III
Cada mañana la serpiente se sentaba
en las piernas de Eva para mortificarla.
Eva la espantaba
pero la serpiente volvía con insistencia a su regazo.
Por las noches la serpiente se acostaba junto a Adán
e imitando la voz de Eva lo seducía.
Eva detestaba aquella rutina de seducción y abandono.
Cada noche bajo el manto alado de los cometas
Eva se recostaba en el nido preñado de la serpiente
y empollaba sus huevos hasta verlos nacer,
pequeñas criaturas que acariciaban su carne.
Fue así desde el principio de los siglos.
Antes de que Caín matara a Abel.
Antes de que Eva abriera la boca
y se tragara todos los mares del ancho mundo.
IV
Eva paría piedras lunares cada atardecer.
Sola tenia que abrirse la cabeza
para que el universo la liberara del peso de las piedras.
A cualquier hora el gusano construía su refugio
en los senos de Eva
y Adán lamía su propia cola.
La vida era sencilla
pero los partos de Eva incomodaban a Dios
—porque ofendían el orden lógico de la vida
y afeaban los jardines del Edén—.
Adán le pidió a Eva
que por favor, que por Dios, que ya basta.
Cada vez que Eva abría las piernas
caían sobre él bombas metafísicas
que herían su carne de macho.
A veces Eva sangraba, a veces no.
Las piedras se amontonaban
formando cúmulos blanquecinos.
Al anochecer
Adán se sentaba en las cumbres más altas del Edén
y desde allí señalaba las piedras de Eva y se reía.
Las piedras lunares que Eva paría cada atardecer
no eran siempre blancas pero siempre casi blancas
y cada vez más ligeras.
Con el tiempo la risa de Adán se volvió insoportable para Dios.
Las piedras fueron adquiriendo formas celestes,
crecían y menguaban como las pestes
que solía enviar Dios para calmarlo todo.
A veces las piedras subían al cielo y Eva lloraba.
No entendía por qué sus partos irritaban tanto a Dios.
Hasta que un día Eva se marchó del Edén
y se llevó las piedras en su vientre.
Lejos del Paraíso las ordenó a semejanza de su dolor,
con la dureza de sus piedras embelleció la vida,
y construyó un refugio tan alto como las cumbres de otrora.
Así, con las piedras lunares nació la poesía,
única prueba concreta de la existencia del hombre
(y la mujer) sobre la tierra.
VIVIR TAN ADENTRO
Lauren Mendinueta
Valparaíso Ediciones
Granada (España), 2023
ISBN: 978-84-19347-83-1
Páginas 69-72

Lauren Mendinueta was born in Barranquilla (Colombia) in 1977. She is a poet, essayist and translator. She is considered one of the most important authors of her generation in Latin America. She has published eleven books of poetry in six countries and several anthologies of her work. In Colombia she won four national poetry prizes and the National Essay and Art Criticism Prize from the Ministry of Culture. She also won the Martín García Ramos and César Simón international awards in Spain. Her poetry addresses with expressive rigor and conceptual depth the themes of death, love, loneliness, time and the lives of women throughout history.
