Madelín Zeida Pupo Santiesteban

Estación florida. Jardines aplazados


Florece un aguacero y tú no estás más verde,
ni más viejo ni más cuerdo, ni más lógico, ni más cobarde o
terco;
eres un aguacero sin reparos,
incubado en el pasado.
Un aguacero cobarde,
un presupuesto en atasco,
un desafío que evade
por no perecer calmado:
un atajo en desmanes
un centurión del abrazo
que no repara en la muerte,
de cintas y frascos
comprando el precio
de la gota sobre el vaso,
de un violeta moribundo.

Los inmortales valerosamente toleran la monotonía de ser
igual cada día.

El lugar común


No hay lugar común, no existe.
Existimos simples y confiados.
Al lugar del enviado
al mensajero común
que con zapatos alados
que con zapatos sin sueños
es el mensajero:es
un paladín sentado
a la vera del señor.


Y cuando lo común iconoclasta,
parásito del árbol antecedido lo esperable – aplasta,
un cruce de caminos se levanta,
un agobiador de la tinta en el oído,
abierto al fuego pero el desconocido:
dejando al cuerpo con la liviandad
que arranca la prisa
en su rincón violento, guarnecido,
creadora palmaria del sonido
que viene de adentro,
de lo desconocido
donde habita el tiempo –humano y débil
igual o parecido, simplemente común.

La noche es cualquier cosa menos una intención, es parpa-
deo, es lo contrario, lo opuesto, es el remedio al miedo

eterno, que se eterniza en el mismo momento en que estalla
contra el cristal la bomba de salitre y lava, el modo fatal de

la erupción de portentosa medida. que es la medida de to-
das las cosas. la exacta medida

10 Notas para un Catálogo

La intención plástica: la visión del detenimiento, lo inad-
vertido.

la retención del hombre en la materia:

se ensayan; se revelan-
música y poesía,

poesía y danza, danza y artes visuales, la visualidad y el
llano de la armonía.

Cuando lo visual en la música se contiene, en esa incestuo-
sa revelación del pentagrama, infinito se baraja.

Ritmo y sonido y trampa.
El encuentro revierte lo imposible de la emanación de los
fraseos,
vigorosos entrechoques de la a sí- mirada.
Cornucopia del lienzo redondeado,
improvisado remate.
¿Mirar a los ojos?, lo brusco: ¿significa?
En el solo interpretado, va el llanto todo:
del hombre solitario que quema la marea,
el hijo del obrero, el estudiante, el esteta; en un pueblo de la
costa.

Va al golfo y el acantilado, donde el esclavo de Harlem es-
pera por la historia

y le regala un tridente al océano sin dientes
movido de ambiciones.
Lo populoso y lo carente, lo alentado.
Y con la música de pobres, se le hiere al clasicismo, y le
pudo nacer a uno, otro;
más lejano, aprendió de la cadencia encadenada la actividad
del sonido y el sonido que llena y se aproxima.

Consentimos,
la disposición de un cuadro junto a otros; en el contacto de
un espacio con sus perspectivas.

Si no es igual un cuadro aislado en la pared que un costure-
ro; la compañía del jazz o de las sonoridades formales de la

coma;
entonces los sonidos son la manufactura
del ceremonial restaurativo:
de la comparsa.


Cuando: ́ ́El elemento fundamental sea la línea ́ ́,
y nada más que la línea;

abocada al deshacimiento de la forma: y él pueda rito aco-
modarse,

al equilibrio de las verticales del ruido:
estampará un elemento que concatene,

la fijeza de corte- de la naranja-; como fuera una confirma-
ción textual del etnotexto de la pulgada,

adonde traza, infernales, los asmáticos cortes de la respira-
ción de la mano;

la rápida que la fotografía postra manía del enlace -cerebro
y óptico aditamento;
y ahí vive con el suceso mental de la cigarrera,
repaso del tirante …
Aquí, invade; allá, serena.
Al margen de la tarde se suman los gigantes.
Es para la aguja de la mente un filtrarse de andadas callejeras
por los pelos doblados en la tela,
Y todos, son azules, en piel de madrugada

son uno y ellos mismos, son bardos que no salen a estreme-
cer la noche,

piensan en sol primado, en fa de lubricante.

Sobre un sereno cielo, una constelación de rayos,

se dejan como huellas de los pasos más extremos, sepias ji-
rones, carmines y violetas,

en el ritmo alborada se equilibran
como estatuas verticales que aun fueran a nacer del costado
de un cemí jacarandoso, porfiado.


Cabezas inesperadas reparten
el foco de la vista internado en el ojo;
mezcla de blancos turbios, descuidados,

en grises del marrón enrojecido que en la silueta del hom-
bre, miran;

con ritmo,
el ascenso y el descenso del puñal en la blanca base que se
tiñe.
Irreverente la figuración en el lienzo se desliza,

la lectura composición recomienza en el oscuro compone-
dor de la negritud, que parece insistir en ser silueta.

Sutilmente,

sugerido… se traslada al fuego: a la idea del corazón co-
mún, siendo islas- la poesía

por las largas pestañas:
redondea

A la gota que cae en el buril


A la gota
horneada entre las llamas
urgentes del sonrojo
cojean pies de palas
manchadas de salidas.
A la gota
no le teme no, la tez mojada:
con un morral de absolutos,
ni el gorrión, ni el abre-mundos;
porque así: cascada
le parpadean- salada
torcidas por el centro,
con un punzón de ramas:
las fibras en el cuerpo
-siempre mencionado.
La gota cae en porciones,
mojada,
secamente.
Le suda a la gota
el finisecular del embate del metal
o el filamento mineral
de una gota que otra gota.

La cascada


¿Y quién yo soy?
-dijo ella- Yo soy
la cascada que ya no heredarás
yo soy el viento que surcaba su frente
de finas horas de cristal
yo soy la que un día
fuiste y ahora mírate
en el barro de la ciudad.

Madelín Zeida Pupo Santiesteban (Writer, poet, essayist, and researcher with a poetry collection published in Italy. She is a contributor to Meer Magazine. Her work has been featured in print and on television in Italy and Brazil, and she has taken part in literary and academic events in Brazil, Argentina, Cuba, Portugal, and Italy. She holds a Bachelor’s degree in Sociocultural Studies (cum laude) and is pursuing two master’s degrees at the University of Buenos Aires, Argentina. She is also a classicist and Egyptologist.