SIN PALABRAS

(monólogo)

CHOREÑO LUNA JORGE RICARDO

Nuevamente vuelvo a estar sentado aquí, amanecí con esta incertidumbre, amanecí con el cansancio de hace 26 años cuando llegué a la ciudad, amanecí con otras palabras, con otros sonidos, con otras expresiones; amanecí como he amanecido desde hace ya tanto tiempo, con la incertidumbre de no entender nada, con el miedo, con la dignidad entre las piernas.

Hoy me volví a vestir con las palabras de otra lengua, me vestí con una cultura inexacta, con una cultura que no me dice nada, me volví a vestir con la incomodidad de lo cotidiano, así es el día de hoy. Hoy no quiero hablar, hoy no tengo ganas de decir algo, las personas no me entienden, las personas se burlan cuando hablo en mi lengua, los curiosos llegan y preguntan:

– oye ¿tú hablas náhuatl verdad?, oye ¿qué significa esto? –

sólo es pura curiosidad, o tal vez lo hacen para burlarse, algunas otras personas me dicen que es muy bonito, no sé si se están burlando de mí o y si de verdad quieren saberlo.

El día que llegué a la ciudad me sentí raro, vine a trabajar a la casa  de un abogado en la colonia Del Valle, me sentía solo e intranquilo, tuve que aprender el español, lo aprendí por dignidad, para no sentir que las personas se burlaban de mí, tuve que aprenderlo para poder compartir con mis compañeros, para poder expresar todo aquello que trataba de decir, para no expresar todo aquello que sentía.

Tatué todas aquellas palabras de mi niñez en el alma, las guardé en los rincones de mi cabeza; dejé de hacer, pensar y decir todo aquello que me habían enseñado mis padres, dejé aun lado todo lo que había aprendido en Tlaxcala, allá en mi pueblo, mi nostálgico San Isidro Buen Suceso.

Allá en San Isidro todos hablaban náhuatl, allá todos entendían la “lengua” como solían decir, allá las palabras tenían sentido, tenían fuerza, una razón de ser, entendía cada gesto, cada palabra, pero, cuando llegué a la ciudad todo me parecía raro, sin sentido; me sentí mudo, ciego, sordo, no podía ver lo que las demás personas veían, no podía escuchar lo que todos escuchaban y lo peor de todo es que no podía hablar lo que los demás hablaban.

Recuerdo cuando el maestro albañil me pidió que nos viéramos en una estación del metro, se me olvido el nombre y la primera palabra que pude ver cuando llegué al lugar fue “andenes”, pensé que ese era el nombre de la estación y por su puesto esperé al maestro más de dos horas y nunca llegó. En esas más de dos horas el lugar me parecía tan sofocante, pasillos oscuros y repletos de gente que murmuraba y caminaban tan de prisa que simulaba los hormigueros que había en los cerros de San Isidro.

Cuando volví a ver al maestro albañil, me regañó, le platiqué a él y los demás chalanes sobre mi anécdota, todos en seguida comenzaron a burlarse de mí, me sentí impotente, desilusionado, frustrado, dijeron que era bien pendejo, que por qué no les había preguntado a las personas, mi respuesta fue muy obvia: “porque no sé preguntar”.

Agarre libros, me puse a leer, estudiar y en momentos pensé que por fin podía entender, pensé que podía hablar, pero hoy, me doy cuenta de que no, que, ¡todo fue una falsa ilusión, me doy cuenta de que me comió el metro, la gente, los aparadores, la escuela, el miedo, la frustración!, me di cuenta que me falta algo.

Me di cuenta de que aquí el mundo no es como me lo enseñaron, que aquí no puedo platicar con el viento, con el monte, con los dueños del agua, me di cuenta que aquí las personas te miran con desprecio, que no les importa lo que pase en tu día a día. Ahora, las personas me dicen que soy más civilizado, me felicitan por hablar bien español, dicen que ya no se me ve lo “autóctono”.

Me sorprende, me encabrona, me emputa que muchas personas no sepan que existen diferentes lenguas en nuestro país, que las escuchen y no se detengan a saber, aunque sea un poquito de ellas, me da mucha tristeza que se burlen de las personas que hablamos diferente.

Un día me acerqué a la universidad y vi que había una platica sobre la diversidad lingüística de México, me metí y escuché o medio escuché que decían que, según nuestra Constitución, todas las lenguas indígenas son válidas en el territorio nacional, fue tan emocionante saber eso, saber que podía hablar mi lengua en donde quisiera, con las personas que quisiera, que gran emoción y que gran decepción.

Salí motivado de la universidad, entré al metro y compré mis boletos en náhuatl, saludé a los policías en náhuatl e iba caminando con tanta felicidad hasta que un oficial se acercó a mí, me pregunto que si iba borracho, por su puesto le respondí:

“¡ahmo teyakanki!” (¡no oficial! )

se enojó tanto y me dijo: “mira cabrón, no te hagas pendejo que no entiendes, ¿vienes pedo o drogado?, esa tarde me llevaron a un módulo de vigilancia por no hablar español, le expliqué a la licenciada lo que había escuchado en la universidad y me dejaron ir.

Que poca madre que por hablar mi idioma tenga que pasar todas esas penurias, que tontería que ni las autoridades, ni los servidores públicos sepan que en nuestro país se hablan 68 lenguas indígenas, que hoy en día con toda la tecnología y los medios que tienen a la mano siguen diciendo que hablamos dialectos, ¡carajo, el español que se habla en México también es un dialecto!, “no cómo crees, es un idioma”.

Entonces hablar español hace que la gente se sienta más preparada, más culta, se sienten superiores, sienten que nos pueden tratar como seres inferiores a ellos por el simple hecho de hablar algo distinto, en alguna ocasión se me ocurrió hablar en público náhuatl, en seguida, tres muchachas comenzaron a reírse, nadie entendía lo que estaba diciendo, imagínate que se siente que se burlen de ti por cómo hablas, que se rían cada vez que pronuncias todas esas palabras de amor que salían de la boca de tu madre  cuando eras pequeño, ese sentido de cariño y sabiduría de pronto se vuelve en una carcajada, en una burla.

A mí también me da risa cuando hablan en español, me cuestiono todo lo que dicen, a veces ni ustedes mismos llegan a entender todas esas palabras, sin embargo, he llegado a respetarlos, respeto su forma y admiro todas las cosas que yo no conocía, pero sigo sin entender ese sentido de superioridad, esa discriminación, ¿nosotros no tenemos cultura?, ¿nosotros no tenemos conocimiento?, ¿no sabemos de la vida?, pasan la vida y gastan muchísimo dinero estudiando ingles, nosotros en un mes aprendimos español, ingles y cualquier lengua que necesitemos.

Un día me cansé y le pedí a mis compañeros que no se burlaran de mi, les pregunté que si se sentían mexicanos, les pregunté que si conocía la realidad de las comunidades indígenas, les pregunte si entendían que habíamos personas que hablábamos otras idiomas; nuevamente se burlaron, dijeron que esos no eran idiomas, en lugar de enojarme me senté a explicarles:

-un dialecto es la variación que tiene un idioma-

-son las formas que tiene un idioma en determinada región-

Les dije que ellos hablaban el español de México, pero que en otros países también se habla español, de Argentina, de Colombia, de España, de El Salvador, creo que moví un poquito su conciencia, pero, sigo sintiéndome extraño, tengo el miedo latente a no conseguir trabajo. Siento que todo aquello que aprendí se va por un abismo, que no es válido en esta sociedad, hoy me siento triste, indignado porque mis palabras y mi mundo no son válidos en este mundo.

Veo el sol y no tiene ya sentido, ya no puedo sentir el viento, me tuve que vestir con una lengua ajena a mí, tuve que adoptar el español para poder conseguir trabajo, para poder pedir un poco de comida, para hacer el intento de estudiar, ¿y por qué no pude hacer esto en mi lengua?, la Constitución Mexicana en su articulo 2 dice que todas las lenguas nacionales son válidas para cualquier trámite, la Ley General de los Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas también dice que puedo hacer válida mi lengua en cualquier contexto, sólo en papel, en la realidad aún es inexistente.

Cuando entré a la universidad intenté hacer mi tesis en náhuatl, los asesores me dijeron que no podían leerla, les pedí que consultaran un traductor y me dijeron que no, que si no estaba en español no podía titularme. Me pregunto ¿por qué yo tuve que aprender español?, ¿por qué sí tuve que aprender una lengua que no es mía y ellos no?, tan sólo  es cosas respetar, imagínense si en la universidad pasa eso.

En la ciudad se hablan diferentes lenguas, todas ellas en secreto por miedo a ser juzgadas, por miedo a ser reprimidas con burlas, estereotipos y discriminación, hoy me siento un extraño en mi propia tierra, hoy no le encuentro sentido al estar hablando, hoy amanecí y siento como si tuviera engrapada la boca, unas grapas tan resistentes que no me dejan sentirme yo, debo de confesar que todo este tiempo me he sentido atrapado en una lengua, porque no puedo expresar las cosas que yo quiero, las cosas que siento.

Y les pregunto ¿por qué yo sí y ustedes no?, yo hablo español y también náhuatl, hablo ñahñu e ingles, ustedes ¿qué lengua hablan?, por eso este día prefiero quedarme sin palabras.

EL AJOLOTE, UN TIEMPO QUE MUERE Y VUELVE A NACER

El inicio

En estas tierras brujas, sagradas y llenas de silencio florecieron un puñado de palabras dicotómicas, virgulas errantes que hablan sin hablar, virgulapalabras  que no pude leer, que no pude entender, y  en algún lugar de la inmensa jícara celeste se conjugaron los verbos empeyotados, los verbos medicina, verbos que dilataron las pupilas, y ante esos  ojos  drogados, la noche nos envolvió en su ayate de miles de estrellas,  cada una de ellas en su danza parpadeante  al compás de nuestra carne, de nuestros cuerpos, al compás de un gemido romántico, al compas de la noche en nuestros cuerpos desgastados.

Por las tardes y  los días comencé a escribir de todas aquellas cosas que incendiaron mi sentir, comencé a leer las letras del viento, a leer los párrafos de la noche, comencé a traducir tus ojos coyote; en un abrir y cerrar de ojos el aleteo de  los pájaros y sus  canciones, presagiaron  nuestros días, cantaron de aquellos tiempos en donde no existíamos en este hoy tan difuso e intranquilo, cantaron de nuestro encuentro fortuito, y también,  entonaron canciones de aquel, nuestro adiós y el fin de los tiempos; su ópera maestra “la ópera del pájaro errante” fluyó entre lágrimas, abrazos, apapachos y rostros amorosos prometiendo que algún día se volverán a encontrar, como fue en otros tiempos, allá, en esas tierras brujas y sagradas.

Así, las historias se convirtieron en poemas, los poemas se convirtieron en cuentos y los cuentos se convirtieron en relatos sacros de los que espero, algún día, el mundo  pueda leer y  recordar en los malacates del tiempo; de noche su sonrisa es tan bella que danza al ritmo  de las notas del silencio, de noche sus ojos brillan tan intenso que es difícil dejar de mirarlos, de noche se confunde con los seres de otras vidas, ellos, los que me han acompañado en todas estas vidas; de noche  la letra se convirtió en la tinta del diablo, tinta que pinta los tetzahuitl, visiones funestas que que se mezclan con los sueños venenosos,  en los que  a veces, vale la pena caer, y al despertar, los sueños se vuelven benditos, bendito veneno que  frente a mi altar endono al señor del viento y agradezco  me hayan llevado a ti, aunque tengo la sensación de que yo solito me empiné.

En esas tierras malditas, desearía ser letra que coman tus ojos, ser la tinta que pinte tu piel y vivir eternamente en ti; en tierra sagrada, me gustaría ser viento y alma que flote junto a ti, ser veneno, ser miel, letra bendecida y el coyote errante que camine sobre tu piel…

…no sé de la noche, ni de la vida.

No sé de ti, ni sé de mí

No sé si esto es real

Un tetzahuitl

O un sueño astral 

Si es un sueño

Nunca quiero

Despertar.

Raíces

¿De dónde venimos? Que los vientos nos persiguen y  amarran con la tilma de aquellos viejos enamorados, quizá de un lago chalchiwitoso que remoja nuestros pies y donde el lodo acaricia nuestros cuerpos, quizá de una tierra que se pinta con los tonos ocelote y el zoquiyo de las fotos antiguas, esas que nos hacen añorar lo de antes, antes cuando vivíamos en el ombligo del maguey, entre versos y toques de tambor, entre el wawtli, la mihtotilistli y el embriagante olor a copal que como huipil cubre tus senos y caderas  hechas de maíz y agua miel,quizá de ahí, dentro del temazcal.

 ¿De dónde? Que parece ayer la tortilla que descansa en el tlecuil

¿de dónde? Que tus manos no son las de hoy, pero las mismas de ayer

¿de dónde? Que el tiempo y el espacio nos vuelve a juntar   

¿de dónde? Que mi piel extraña tu piel

¿de dónde? Que de este sueño no puedo despertar.